El pintor de gatos

 


 El Pintor de Gatos

Había una vez un joven acólito en un lejano monasterio que poseía un talento extraordinario, pero también una obsesión incorregible: no podía evitar pintar gatos en cualquier superficie que encontrara, especialmente en las pantallas de papel y las paredes blancas. A pesar de las reprimendas de sus maestros, sus pinceles siempre daban vida a felinos de todas las formas, colores y posturas. Finalmente, al ver que su destino no era la vida monástica convencional, el viejo sacerdote del templo lo dejó ir, no sin antes darle un misterioso consejo de despedida: *«Evita los lugares grandes por la noche; quédate en los pequeños»*.

El muchacho caminó durante horas hasta llegar a un pueblo vecino, donde se rumoreaba que había un gran templo abandonado. Buscando refugio para pasar la noche, entró al vasto y silencioso recinto. Al ver las enormes pantallas correderas desiertas, no pudo resistir la tentación; tomó su tinta y su pincel, y pasó las últimas horas de la tarde dibujando majestuosos y feroces gatos por todo el lugar.

Al caer la noche, el eco de la inmensidad del templo comenzó a asustarlo. Recordando las palabras de su antiguo maestro, decidió no dormir en el gran salón principal. Buscó un armario pequeño y estrecho, se metió en él y cerró la puerta con firmeza.

En mitad de la madrugada, un ruido espantoso lo despertó. Desde su escondite, escuchó gritos desgarradores, siseos salvajes y el sonido de una batalla feroz que hacía temblar las estructuras del templo. El joven, aterrorizado, se mantuvo inmóvil en el pequeño espacio, conteniendo el aliento.

Cuando los primeros rayos del sol se filtraron por las rendijas, el silencio regresó. Con cautela, el muchacho abrió la puerta del armario y salió al gran salón. El panorama era impactante: en el centro de la habitación yacía el cuerpo sin vida de una rata monstruosa y gigantesca, la criatura demoníaca que había asolado el lugar.

Al levantar la vista hacia las pantallas que había pintado el día anterior, se dio cuenta del milagro. Los gatos que había dibujado ya no parecían simples trazos de tinta; sus posturas eran victoriosas y las fauces de los felinos más grandes estaban manchadas de sangre fresca. Sus creaciones habían cobrado vida en la oscuridad para protegerlo y derrotar al mal.

Desde aquel día, el joven fue aclamado como un héroe y se convirtió en un pintor legendario, famoso en toda la región por sus gatos capaces de cobrar vida para defender a los inocentes.

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