MINA Y LA NIÑA El perro Los rescatistas llevaban ocho horas de intensa labor para sacar de los escombros a un perro que no cesaba de ladrar mientras ellos le hablaban. Al fin, uno pudo meter un brazo por un resquicio y derramar agua que el pobre ser, severamente deshidratado después de veinticuatro horas en ese encierro, bebió con desespero. Poco a poco fueron despejando el camino para llegar a él; ya se sentía seguro de su rescate, así que se quedó quieto y confiado. Se había criado entre humanos que siempre le dieron mucho amor, y el instinto de su raza lo hacía noble y amoroso. Se dejó poner un collar por aquellos ángeles que lo liberaban de tan gran tormento. Leandro, el más fuerte del grupo, lo cargó porque tenía una herida en una pata. Empezó a caminar entre las ruinas con su preciosa carga en los brazos. Cuando había avanzado unos ochenta metros, el perro se zafó y brincó al piso; rápidamente se metió ladrando entre los escombros e ignorando el dolor de su pata que ...